La Comadrona
W. Eugene Smith es uno de esos fotógrafos que recuerdan lo necesarios que son los reporteros de prensa en este, nuestro mundo, a veces tan inhóspito.
Es de los que recuerdan que una imagen (o un conjunto de ellas) puede cambiar el mundo. Uno de sus reportajes más importantes, “La comadrona”, consiguió algo así para Maud, una enfermera que cuidaba de 10.000 pacientes en el Sudeste de EEUU. Cada dos años cambiaba de coche (un gasto que costeaba con su sueldo) para hacer su trabajo, porque los médicos de la zona atendían a los enfermos (muchos de ellos desheredados, sin medios de locomoción y casi sin medios de vida) que acudían por sus medios y llegaban antes de las 16:00 horas. El sueño de Maud era crear una clínica para atender toda la zona. Y fue el reportaje de W. Eugene Smith el que lo hizo realidad, porque los lectores de Life, donde se publicó, enviaron donativos que alcanzaron para ponerla en marcha.
Es un reportaje muy llamativo por los resultados conseguidos, pero no el único que muestra el espíritu comprometido de su autor, un espíritu que también se manifiesta en otros fotoensayos, como los que hizo sobre la vida de un médico rural; sobre las consecuencias de los vertidos de mercurio en un río de Japón, o sobre las carencias que se vivían en España después de la Guerra Civil.
Un fotógrafo con corazón para un mundo cuya alma parece ausente, dormida.
Es de los que recuerdan que una imagen (o un conjunto de ellas) puede cambiar el mundo. Uno de sus reportajes más importantes, “La comadrona”, consiguió algo así para Maud, una enfermera que cuidaba de 10.000 pacientes en el Sudeste de EEUU. Cada dos años cambiaba de coche (un gasto que costeaba con su sueldo) para hacer su trabajo, porque los médicos de la zona atendían a los enfermos (muchos de ellos desheredados, sin medios de locomoción y casi sin medios de vida) que acudían por sus medios y llegaban antes de las 16:00 horas. El sueño de Maud era crear una clínica para atender toda la zona. Y fue el reportaje de W. Eugene Smith el que lo hizo realidad, porque los lectores de Life, donde se publicó, enviaron donativos que alcanzaron para ponerla en marcha.
Es un reportaje muy llamativo por los resultados conseguidos, pero no el único que muestra el espíritu comprometido de su autor, un espíritu que también se manifiesta en otros fotoensayos, como los que hizo sobre la vida de un médico rural; sobre las consecuencias de los vertidos de mercurio en un río de Japón, o sobre las carencias que se vivían en España después de la Guerra Civil.
Un fotógrafo con corazón para un mundo cuya alma parece ausente, dormida.

