31 julio 2008

La Comadrona

W. Eugene Smith es uno de esos fotógrafos que recuerdan lo necesarios que son los reporteros de prensa en este, nuestro mundo, a veces tan inhóspito.

Es de los que recuerdan que una imagen (o un conjunto de ellas) puede cambiar el mundo. Uno de sus reportajes más importantes, “La comadrona”, consiguió algo así para Maud, una enfermera que cuidaba de 10.000 pacientes en el Sudeste de EEUU. Cada dos años cambiaba de coche (un gasto que costeaba con su sueldo) para hacer su trabajo, porque los médicos de la zona atendían a los enfermos (muchos de ellos desheredados, sin medios de locomoción y casi sin medios de vida) que acudían por sus medios y llegaban antes de las 16:00 horas. El sueño de Maud era crear una clínica para atender toda la zona. Y fue el reportaje de W. Eugene Smith el que lo hizo realidad, porque los lectores de Life, donde se publicó, enviaron donativos que alcanzaron para ponerla en marcha.

Es un reportaje muy llamativo por los resultados conseguidos, pero no el único que muestra el espíritu comprometido de su autor, un espíritu que también se manifiesta en otros fotoensayos, como los que hizo sobre la vida de un médico rural; sobre las consecuencias de los vertidos de mercurio en un río de Japón, o sobre las carencias que se vivían en España después de la Guerra Civil.

Un fotógrafo con corazón para un mundo cuya alma parece ausente, dormida.

24 julio 2008

“Porque son, niña, tus ojos...”

Para quien en numerosas ocasiones ha buscado el ángulo de luz que descubriera un destello verde en mis ojos, esta poesía de Gustavo Adolfo Bécquer:

Porque son, niña, tus ojos
verdes como el mar, te quejas;
verdes los tienen las náyades,
verdes los tuvo Minerva,
y verdes son las pupilas
de las hourís del Profeta.

El verde es gala y ornato
del bosque en la primavera;
entre sus siete colores
brillante el iris lo ostenta;
las esmeraldas son verdes;
verde el color del que espera,
y las ondas del océano
y el laurel de los poetas.

(Inicio de la Rima XII de Gustavo Adolfo Bécquer)

20 julio 2008

"A quién contaré yo mis quejas..."

"A quién contaré yo mis quejas,
mi lindo amor,
a quién contaré yo mis quejas,
si a vos no?"

(Anónimo)

18 julio 2008

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche...”

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos”

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
la besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como ésta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y estos sean los últimos versos que yo le escribo.


(Pablo Neruda)